Con el lío de trabajo que tenemos encima en Banot.net no había tenido tiempo de hacer ninguna referencia al concierto que Eric Sardinas ofreció el pasado viernes en el teatro Juan Ramón Jiménez de Telde.
Lo cierto es que el espectáculo del que pudimos disfrutar el viernes fue tremendo. En las dos horas y media de actuación (¡ahí es nada!) el público se entregó para disfrutar de su música y el buen hacer sobre el escenario de Sardinas y los suyos (un batería y un bajista de cuyos nombres no me acuerdo).
Los músicos no se dedicaron únicamente a interpretar canción tras canción, sino que buscaron la complicidad del público y trataron de sorprenderlo. Y lo consiguieron.
Pudimos disfrutar desde una versión acústica en la que el batería tocaba sobre con las baquetas sobre el suelo hasta el paseo por el teatro de Eric Sardinas mientras interpretaba uno de sus temas, pasando por espectaculares solos -tanto de guitarra como de bajo y batería- o momentos en los que el guitarrista dejaba de usar micro y amplificador para que la gente lo escuchara "tal cuál".
En definitiva, una noche memorable de rock/blues que superó con creces mis espectativas.
Una amigo me pasó el otro día un enlace a una más que curiosa versión del temazo de Deep Purple Smoke on the water. Conviene no perdérselo.
Chuck Berry, una de las leyendas del rock, actuó anoche en Telde y demostró que tanto su buen hacer como su difícil carácter siguen en plena forma.
Lo cierto es que, personalmente, el concierto me dejó un sabor agridulce. Lo bueno, sin ninguna duda, la música con la que consiguió hacer vibrar al público. Y es que, no en vano, Chuck Berry es uno de los músicos más influyentes de la historia del rock.
Pero el concierto fue corto (25€ para una actuación que escasamente superó la hora) y la despedida fría, dejando que Chuck Berry Jr. presentara a la banda cuando él ya se había bajado sin mucha ceremonia.
A eso hay que unir el hecho de que las pantallas gigantes tuvieran que apagarse a media actuación, debido a su insistencia (por no decir obsesión) en que no se le grabara. A mí, que no estaba cerca del escenario, no me hizo mucha gracia, qué quieren que les diga.
En definitiva, no fue un concierto "memorable", pero tampoco me arrepiento de haber ido. No todos los días puede uno ver a una leyenda viva del rock en directo.